sábado, 18 de septiembre de 2010

La fotografía sin reglas: II El Formato



¿Por qué adaptarnos al formato clásico en fotografía? al fin al cabo sólo es imperativo histórico del tamaño de la película de 35 mm, una herencia de la etapa analógica dentro de la historia de la fotografía.
Nos hemos acostumbrado al estandard visual, pero que ocurre cuando ceñimos las imágenes únicamente a los elementos que realmente nos interesa de la misma, lógicamente los elementos no se distribuyen de forma automática para conseguir la estandarización.
De esta manera llego a lo que llamo la “tira fotográfica”: motivos fotográficos alargados –y no confundir con panorámicos- y que en esencia recogen los elementos que realmente queremos que aparezcan en la imagen, ni uno más, ni uno menos. Sí, es verdad, hay más formatos, todos los que queramos pero aquí os traigo unos cuantos ejemplos en formato “tira”. El tamaño y la forma del corral donde encerramos nuestros elementos fotográficos debería ser el que nosotros queremos. Otro motivo para la fotografía sin reglas.
Aquí os dejo el primer ejemplo, fotografía de paisaje, sólo quería la línea de cielo y el haz de luz, hecho.


En este otro caso, quería fijar la atención únicamente en los labios y las manos, me olvido del formato y listo, sin que me entorpezca en la visualización el resto de la cara o el cuerpo de la fotografiada. Es verdad, las ropas del fondo, pero están desenfocadas y me sirven de contraste visual.

Y terminemos con una escena urbana, aquí tengo los tres “elementos humanos” expuestos unos al lado del otro, sin apenas espacio, para que más florituras, encuadramos y ya esta. Creo que en esta imagen es donde muestro de la forma más radical lo que he querido exponer.
Sí, es verdad, hay más formatos, todos los que queramos pero aquí os he querido dejar unos cuantos ejemplos en formato “tira”. El tamaño y la forma del corral donde encerramos nuestros elementos fotográficos debería ser el que nosotros queremos. Otro motivo para la fotografía sin reglas.

Ver también: La Fotografía sin reglas: I La falta de nitidez



sábado, 11 de septiembre de 2010

La Isla del Viento

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La mejor manera de llegar a Menorca es hacerlo en barco, desde el Puerto de Alcudia en Mallorca y de madrugada para percibir los colores del cielo y las nubes a esas horas, despacio y tranquilamente ir dejando una insularidad y adentrarnos en otra. Dejar que nuestros sentidos perciban "La Isla del Viento" con suavidad , sin prisas y para que así el calado sea mayor.
Cuando ya sólo distinguimos Mallorca como una débil silueta en el horizonte, llegamos a Menorca adentrándonos en una larga y estrecha ensenada del puerto de Ciutadella. En los últimos minutos de nuestro viaje los habitantes de las casas costeras nos saludan en una suerte de bienvenida.
Menorca, "la menor" como la denominaron los romanos, es conocida como "La Isla del Viento", influenciada por los vientos de tramontana que según rezan las leyendas, tienen la propiedad de modificar las conductas. Ciertamente, a pesar del carácter marcadamente mediterráneo de las Islas Baleares, geográfica, cultural y socialmente Menorca tiene una personalidad fuerte y diferenciada del resto de las islas.
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Su particular geografía hace que nos encontremos con dos partes diferenciadas delimitadas por la carretera que cruza la isla de Maó a Ciutadella:
La parte Norte, Sa Tramuntana, de apariencia general oscura y ondulada, con un aspecto costero más abrupto con playas de arena gruesa o de cantos, con pequeños bosques de acebuches y encinas y prados de forraje para el ganado vacuno.
La parte Sur, Es Migjorn, más homogéneo y regular. Consistente en una plataforma ancha de roca calcárea y arenisca, que tiende al mar asomándose en acantilados de poca altura. Las playas del sur son de arena blanca, limpia y fina.
La sensación visual, en contraposición con Mallorca, es de preservación, de equilibrio entre la transformación y modificación del paisaje por hombre y la sostenibilidad del medio ambiente.
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Quizás, la mejor conjunción de hombre-naturaleza sean los restos de la cultura Talayótica repartidos por toda la isla en una conjunción perfecta de urbanismo prehistórico y naturaleza que jamás haya visto. Quizás porque proviene de una época en la que el hombre no se sentía superior ni inferior a su entorno, sino simplemente que era parte del mismo.
 
Menorca, como la mayoría de las islas del Mediterráneo, es un punto de recepción de diversas culturas que han comerciado o asentado en la isla a lo largo de la historia y que han dejado su impronta en estas tierras: desde sus primeros pobladores primitivos cuyo auge fue la cultura talayótica en la Edad del Bronce, pasando por fenicios, griegos, cartagineses, más tarde romanos, vándalos, árabes, catalano-aragoneses, ... y en épocas más recientes por breves periodos de tiempo -históricamente hablando- por ingleses y franceses.
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Alberto García-Alíx, premio nacional de fotografía 1.999, recientemente expuso sus fotografías de Baleares en las que no figura Menorca ya que según palabras del fotógrafo «Allí no hallé perversión». Menorca es una isla en la que la vida pasa despacio, sin sobresaltos, un deleite para los sentidos.