sábado, 11 de septiembre de 2010

La Isla del Viento

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La mejor manera de llegar a Menorca es hacerlo en barco, desde el Puerto de Alcudia en Mallorca y de madrugada para percibir los colores del cielo y las nubes a esas horas, despacio y tranquilamente ir dejando una insularidad y adentrarnos en otra. Dejar que nuestros sentidos perciban "La Isla del Viento" con suavidad , sin prisas y para que así el calado sea mayor.
Cuando ya sólo distinguimos Mallorca como una débil silueta en el horizonte, llegamos a Menorca adentrándonos en una larga y estrecha ensenada del puerto de Ciutadella. En los últimos minutos de nuestro viaje los habitantes de las casas costeras nos saludan en una suerte de bienvenida.
Menorca, "la menor" como la denominaron los romanos, es conocida como "La Isla del Viento", influenciada por los vientos de tramontana que según rezan las leyendas, tienen la propiedad de modificar las conductas. Ciertamente, a pesar del carácter marcadamente mediterráneo de las Islas Baleares, geográfica, cultural y socialmente Menorca tiene una personalidad fuerte y diferenciada del resto de las islas.
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Su particular geografía hace que nos encontremos con dos partes diferenciadas delimitadas por la carretera que cruza la isla de Maó a Ciutadella:
La parte Norte, Sa Tramuntana, de apariencia general oscura y ondulada, con un aspecto costero más abrupto con playas de arena gruesa o de cantos, con pequeños bosques de acebuches y encinas y prados de forraje para el ganado vacuno.
La parte Sur, Es Migjorn, más homogéneo y regular. Consistente en una plataforma ancha de roca calcárea y arenisca, que tiende al mar asomándose en acantilados de poca altura. Las playas del sur son de arena blanca, limpia y fina.
La sensación visual, en contraposición con Mallorca, es de preservación, de equilibrio entre la transformación y modificación del paisaje por hombre y la sostenibilidad del medio ambiente.
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Quizás, la mejor conjunción de hombre-naturaleza sean los restos de la cultura Talayótica repartidos por toda la isla en una conjunción perfecta de urbanismo prehistórico y naturaleza que jamás haya visto. Quizás porque proviene de una época en la que el hombre no se sentía superior ni inferior a su entorno, sino simplemente que era parte del mismo.
 
Menorca, como la mayoría de las islas del Mediterráneo, es un punto de recepción de diversas culturas que han comerciado o asentado en la isla a lo largo de la historia y que han dejado su impronta en estas tierras: desde sus primeros pobladores primitivos cuyo auge fue la cultura talayótica en la Edad del Bronce, pasando por fenicios, griegos, cartagineses, más tarde romanos, vándalos, árabes, catalano-aragoneses, ... y en épocas más recientes por breves periodos de tiempo -históricamente hablando- por ingleses y franceses.
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Alberto García-Alíx, premio nacional de fotografía 1.999, recientemente expuso sus fotografías de Baleares en las que no figura Menorca ya que según palabras del fotógrafo «Allí no hallé perversión». Menorca es una isla en la que la vida pasa despacio, sin sobresaltos, un deleite para los sentidos.

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