domingo, 25 de septiembre de 2011

En el Laboratorio Fotográfico: La esencia de lo que vemos y sentimos

La experiencia fotográfica puede ser y es mucho más profunda que la mera visualización de la imagen tomada. Con la fotografía en blanco y negro analógica se consigue una unión casi mística entre el fotógrafo y su obra.
Como en muchas facetas de mi vida, el camino a seguir es tan importante o incluso más que el objetivo final. Esto es lo que nos vamos encontrando por el sendero de la fotografía analógica:
Percepción y conocimiento de la imagen. Es la parte más abstracta y difusa del hecho fotográfico. Es la idea que surge en nuestra mente de lo que queremos fotografiar y la formación de la imagen en nuestro cerebro. En este caso el proceso creativo puede ser totalmente pensado y elaborado o surgir de una forma espontánea.
La toma de la imagen. El dedo presiona del disparador y detenemos el tiempo en el momento en que lo que vemos y lo que hemos creado mentalmente debe coincidir, es la parte del proceso fotográfico más efímero.
Proceso de laboratorio. Esta es la parte en la que el fotógrafo esta más unido con su obra: una lucha, que en mi caso me ha llevado incluso hasta un par de horas, entre una imagen latente y otra que he creado en mi mente; aquí es donde la máquina del proceso creativo funciona a gran velocidad y la experiencia llega a unos altos grados de satisfacción.
Empieza con la preparación de los componentes químicos en su justa medida para poder realizar el revelado. A continuación dejamos el cuarto de revelado en oscuridad, iluminados por una tenue luz roja, de manera que el nivel de concentración es máximo al no haber elementos visuales que nos despisten de nuestro propósito.
Primero exponemos la película -previamente revelada- mediante una ampliadora sobre una hoja de papel fotográfico para obtener una imagen latente. Aquí tenemos la primera percepción espiritual de que algo existe aunque no lo veamos. A continuación pasamos el papel a un cubeta con líquido revelador.
En este momento nos encontramos en lo que es para mi el momento más mágico y de éxtasis del proceso fotográfico y que ningún proceso digital ha conseguido superar, que no es otro que la paulatina aparición de la imagen sobre el papel, este es el momento, el punto de inflexión por el que estoy convencido de que la fotografía es arte y que yo en mayor o menor medida he colaborado en crearlo.
Sí, con cámaras digitales y con Photoshop podré conseguir unos resultados más satisfactorios pero nunca estaré anímicamente tan cerca de una imagen como en el momento del revelado en blanco y negro en un laboratorio fotográfico químico.
Al final del primer capítulo del libro de Ansel Adams “La Copia”, explica magistralmente como debe estar preparado el fotógrafo ante la creación de su obra: “Verá que es una delicia ver surgir las copias en el revelador y comprobar que su visualización original ha llegado a realizarse, o en muchos casos, a intensificarse mediante sutiles alteraciones de valor. Naturalmente, evocará el motivo, y no resulta fácil disgregar el juicio que le merece la copia ante usted de su sensación del motivo. Debería esforzarse por recordar la visualización –lo que vio y sintió- en el momento de efectuar la exposición. No se deje atrapar por procesos rígidos, la esencia del arte es la fluidez para referirse a un concepto ideal”
Nota: La fotografías que acompañan este artículo fueron procesadas por mi en el laboratorio del Centro de Estudios Fotográficos de Mallorca y en otro de pequeñas dimensiones montado y organizado en mi casa. Las imágenes están escaneadas tal cual de la copias obtenidas por métodos químicos.

1 comentarios:

edu dijo...

Muy buen artículo.