jueves, 19 de noviembre de 2015

Olympus µ[mju:]-II y Fujifilm Pro 400H

Con la extraña denominación µ[mju:]-II   bautizo Olympus una de sus cámaras con más éxito y calidad hasta la fecha dentro del ámbito de las compactas digitales ocupando un lugar prácticamente de culto.

Recientemente la adquirí en e-bay a un precio bastante razonable y hoy os traigo el resultado del primer carrete, la película usada también es de estreno, la Fujifilm Pro 400H, veamos cuales han sido mis impresiones de esta combinación cámara-película.

Una de las características que más llaman la atención es la combinación de un objetivo luminoso –2.8- en una cámara de pequeño tamaño con una óptica de 35 mm. De peso liviano, cabe en la palma de la mano, lo que la hace de una excelente portabilidad.

Lleva incorporado un pequeño flash que opera de forma automática aunque lo podemos liberar y utilizarlo cuando lo estimemos necesario.

Pero todas estas características no valdrían para nada si las imágenes no estuvieran a la altura de las características descritas y aquí es cuando nos encontramos el “por que” de la fama de esta pequeña pero grandiosa cámara: una nitidez que para si querrían muchas cámaras reflex.

Una cámara de estas características requiere de una película que este a la altura y el Fujifilm Pro 400H desde luego lo esta.

Colores captados de forma fiel sin saturación. Bajo mi punto de vista es en exteriores en días nublados cuando mejor se desenvuelve esta película gracias a su ASA 400.

También es muy buena para retratos pero en este punto entra en competencia con la que sería su gran rival y que comenté en un post anterior, la Kodak Portra 400, la Pro 400H nos da unos tonos de piel naturales, casi frios; mientras que la Portra 400 los tonos de piel tienen a mi entender un plus de calidez que la hacen mi favorita para el retrato. Por otra parte parece que en la película Fuji el grano es más evidente que en el de Kodak, pero ya sabemos que esta característica para algunos es un defecto mientras que para otros puede ser una virtud.

Equilibrio, es la palabra que mejor definiría esta película que podremos encontrar sobre todo en internet a un precio que rondará los 10,50 €

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lunes, 2 de noviembre de 2015

La Península Rocosa de Sa Foradada



Sa Foradada es una península rocosa de forma caprichosa con un gran agujero, situada delante de la costa escarpada de la Serra de Tramuntana al oeste de Deià. Visible desde lejos, constituye el símbolo de aquella zona que en su día fue propiedad del archiduque Luis Salvador de Habsburgo-Toscana.
Para acceder venimos en coche desde Valldemossa, encontrándonos, 2 km antes de Deià, unos indicadores que nos guían hasta el aparcamiento del mirador de Son Marroig. Nos encontramos en el territorio del archiduque, un ancho camino de herradura, que hizo trazar hace más de cien años. Al cabo de cien metros empieza el camino de muchas curvas hacia Sa Foradada. Nada más pasar la primera curva, la pared rocosa, sumamente accidentada forma bóveda sobre el camino y muestra estructuras rocosas extrañamente entrelazadas, cavidades y concreciones calcáreas.
Por una escalera de piedra sin barandilla se puede subir a un mirador. Tan pronto como el camino tuerce a la izquierda, detrás de la península cubierta de bosque, descubrimos que sólo una estrecha lengua de tierra de escasa altura, comunica la península con la punta que se encuentra delante de ella.
A la izquierda de la lengua de tierra, el excursionista puede bajar hasta los dos embarcaderos o subir hasta una casi blanca más arriba de una cuadra reconvertida en restaurante en época estival.
A partir de aquí se requiere un esfuerzo adicional no exento de algún riesgo para subir al pico, por otra parte entre los meses de julio y noviembre es zona de nidificación de ciertas aves por lo que no es recomendable perturbar su habitat.

En este momento es evocadora la descripción realizada por el archiduque al narrar cómo rodeó Sa Foradada en una barca: “Para conocer todo el esplendor salvaje de Sa Foradada, hay que ir en barca a lo largo de la península una tarde de calma chicha, cuando la sombra ya ha caído sobre la oscura cavidad y el águila pescadora, que anida encima del agujero de Sa foradada, surca, chillando, los aires o sube en pez plateado hasta su nido
Antes o después de la pequeña excursión vale la pena hacer una visita a la posesión de Son Marroig, situado en el punto de partida. Su museo permite una breve aproximación a la extensa obra del archiduque. Era un enamorado de Mallorca y con sus libros y dibujos ha contribuido mucho al conocimiento de las Baleares.
Si sólo nos limitamos a admirar el paisaje desde el mirador, el mejor momento para visitar Sa Foradada es la puesta del sol, donde, además del paisaje, podremos disfrutar del juego de colores que ofrece el mar Mediterráneo cuando cae el día.
En cuanto a la realización de las fotos, no hay mucho que decir que trascienda lo evidente: aprovechamiento de las horas del día y las condiciones atmosféricas con ese cielo nublado que tamizaba la luz cuando lo atravesaba. Siendo la temática paisajística, el uso del gran angular en su extremo de 12 mm.

Aquí tenéis la ruta en Wikiloc:
Equipo fotográfico utilizado:
Canon EOS 7DTokina 12-24